sábado, 3 de julio de 2010

Antes que me olvide

Los que amamos la vida , 
nos sentimos amados siempre , 
el amor camina de la mano de una estrella, 
el amor camina por la orilla del mar , 
se puede ver el cristalino de una ola como dice mi amado , 
y lo más grande es que nada puede contra el amor .
El amor te llena de luz y te transforma en sol .
Nos convierte en dioses y diosas hijos del Universo infinito . 


Manuela Bossans
Invierno aún. Julio 2010


miércoles, 16 de junio de 2010

La flaca Elcira

La Flaca Elcira

Bella, elegante y añosa  pululaba las cantinas y bares del barrio, era bastante ágil, la verdad es que nunca la vi  buena y sana,  como diría mi madre.
Delgada como un “palote” y  libre como el viento, de un  mundo  bastante distinto al mío, y que ocasionalmente dormíamos bajo el mismo techo, se había convertido en la nueva amiga de  don Segundo, nuestro anciano casero.
En sus nocturnos encuentros se embriagaban hasta olvidar sus nombres.
A su regreso bailaban y cantaban, doblados como churro, diría mi padre.
De madrugaba  Elcira huía  como siempre de los brazos del viejo.


Autor: Manuela Bossans Ardiles

viernes, 4 de junio de 2010

Exposición De La Biodiversidad:
Lugar: Ciudad de Jujuy , Argentina
Fecha : Junio  2010
Artista Plástico:Julio Gaete Ardiles
Valparaíso
Marzo 2010
Subida cerro ex-cárcel
Fotografía :Autor Vitalia Ardiles Saldaña

Grafitti Valparaíso, Marzo 2010.

Grafitti Valparaíso
Subida cerro ex-cárcel
Marzo 2010
Autor Fotografía .Mario Artigas

Calabria

Sunset over Stromboli from InCalabria

miércoles, 2 de junio de 2010

VICTORIA CIRLOT: RAÍCES SECRETAS DE LA CREACIÓN, ENTRE LAS VISIONES MÍSTICAS Y EL SURREALISMO


¿Es posible relacionar experiencias de una monja alemana del siglo XII con las de artistas surrealistas del siglo XX, como Max Ernst,Giorgio De Chirico y Joan Miró? Victoria Cirlot (Barcelona, 1955), catedrática de Filología Románica de la Universidad Pompeu Fabra, no duda en responder que sí, que esa asociación no sólo no es caprichosa sino que podría ayudar a entender mejor cuestiones como las experiencias visionarias y el problema de la creación. 

Publica 
ADN

Por 
Susana G. Artal

Desde hace años, Cirlot investiga la obra de 
Hildegard von Bingen (1098-1179), abadesa de Ruperstberg, autora de libros teológicos como Scivias (Conoce los caminos), poético-musicales (Sinfonía de la armonía de las revelaciones celestiales) y tratados sobre la ciencia natural de su época, de quien se conserva además una importante correspondencia. "Fue una mujer fascinante -dice Cirlot-. Pensar que una mujer en el siglo XII pudo llegar a escribir, hablar delante de la catedral de Colonia, dirigirse al clero y decirle nada menos que a Federico Barbarroja lo que debía hacer y lo que no debía hacer nos resulta extraordinario. Y lo era".

La investigadora, que publicó parte de su trabajo en 
Vida y visiones de Hildegard von Bingen (Siruela) y Hildegard von Bingen y la tradición visionaria de Occidente(Herder), explica que muchos estudiosos consideran que sólo hay que estudiar a Hildegard desde el punto de vista teológico o el de la didáctica que creó para enseñar a sus monjas, y que sus visiones fueron entendidas como un desarrollo didáctico por imágenes, pero a ella le interesa en particular el tema de la visión: "Sabemos, por una biografía en la que abundan pasajes autobiográficos, que ella tuvo esas experiencias desde su infancia, pero el gran suceso visionario se produjo cuando tenía 42 años. En una carta dirigida a Guibert de Gembloux, un filósofo coetáneo, ella relata cómo se producían esas visiones que proporcionaron la estructura de su obra profética en la que, además de describírselas, se las representa mediante miniaturas que iluminaron al menos dos de sus libros, en tres manuscritos que se presentan así como frescos monumentales. La proximidad de la descripción verbal y la imagen lleva a pensar que, si las miniaturas no fueron hechas por la visionaria, lo más posible es que ella haya dirigido a quien las realizó". 

Esa profusión de imágenes sugirió a Cirlot la idea de comparar la experiencia de la mística renana con la de los surrealistas franceses. "Pensé que esa confrontación me permitiría entender mejor la experiencia visionaria -explica-. Porque el lenguaje de Hildegard es el de su época, estamos alejados ocho siglos de ella, mientras que el de los surrealistas es el nuestro, no hay esa distancia tremenda, esa alteridad tan brutal que nos separa de Hildegard. Me encontré así con artistas que hablan de su experiencia visionaria, por ejemplo, Max Ernst. Claro, Hildegard habla en términos propios de una cultura tradicional y sagrada. Ernst, en los términos de una cultura desacralizada, atea y arreligiosa. Sin embargo, dicen lo mismo en cuanto a experiencia visionaria. Ernst dice que ve, que tiene alucinaciones (los surrealistas hablan indistintamente de alucinación y visión), aunque no hay de por medio ninguna droga. Cuenta que un día sintió cómo se despertaba su capacidad visionaria, mientras miraba la textura de un parqué usado, en un hotel de la Bretaña francesa. Estamos hablando de 1925. Ese día descubre el frottage , técnica fundamental en el arte del siglo XX". 

Cirlot establece una diferencia entre las imágenes que provienen del pensamiento y las que proceden de una visión: "En la aparición de las imágenes, como la describe Ernst, hay una espontaneidad absoluta. No estamos ante un yo que piensa y crea la imagen (eso es lo que se llama fantasía, la imagen que procede del pensamiento y, por tanto, del sujeto). Estamos ante una recepción de imágenes, por eso hablo de floración, en la que el sujeto no interviene. En una cultura sagrada, se dice que el sujeto las recibe de Dios, como decían Hildegard o Juan de Patmos, porque el modelo es el Apocalipsis. Ernst cuenta que él está callado, pasivo y espera que salgan las imágenes; en su lenguaje, es del inconsciente de donde provienen las imágenes. Al definirse como canales a través de los cuales las imágenes pasan, Hildegard se reclama instrumento divino mientras que, de ese modo, Ernst niega la figura romántica del genio. Pero el mecanismo es el mismo. Desde Ernst hasta Joan Miró, que cuenta que eso le ocurrió cuando estaba en la calle Blondel, en París, y no comía, porque no tenía un céntimo. El nuevo mundo de Miró sale de toda una época de experiencia visionaria".

En Buenos Aires, adonde llegó invitada por el Malba para la presentación de un número de 
El hilo de Ariadna en el que colaboró, Cirlot apreció la obra de Xul Solar, en la que cree descubrir huellas del mismo proceso: "Xul Solar es un visionario -afirma-. La luz que impregna su obra es inequívoca: una luminosidad extraña que remite a un mundo otro, que justamente es el objeto de la visión. Hablamos de visionario cuando lo que se ve no es el mundo que nos rodea sino otro mundo, que no se percibe mediante el ojo físico sino mediante lo que llamamos el ojo interior. En el siglo XII, Richard de Saint Victor expresó la diferencia entre ambos: ´Sólo el sentido corporal ve las cosas visibles, pero sólo el ojo del corazón ve las cosas invisibles´, escribió". Cirlot muestra, por un lado, una de las figuras de Hildegard: un personaje sin ojos en la cara pero cuyo ropaje está repleto de ojos y, por otro, un collage de Ernst, en el que la bola mágica del mago Robert-Houdin se transforma en un ojo atravesado por un hilo, el ojo rebanado que Buñuel trasladó al cine en El perro andaluz. "La ceguera de los ojos corporales y la apertura de los interiores es un tema en la iconografía surrealista, no sólo en Ernst, sino también en otros artistas como De Chirico", añade y recuerda palabras de André Breton en El surrealismo y la pintura (1928): "La obra plástica [...] se referirá a un modelo puramente interior o no será". 

Cirlot piensa que la capacidad visionaria depende de una facultad vinculada con los procesos creativos: "Creo que ciertas personas tienen esa facultad y que el conocimiento mayor del cerebro fijará una facultad visionaria. No es algo tan extraordinario o extraño, sino algo íntimamente relacionado con el proceso creador, con el enigma de la creación. Si hay un enigma, lo hay tanto en el ser creador como en el visionario. Hablamos de cosas que parecen diferentes porque lo hacemos en culturas diferentes pero, en realidad, pienso que la experiencia es la misma".

viernes, 2 de abril de 2010

Multiculturalismo Liberal


 MULTICULTURALISMO LIBERAL: EL VALOR DE LA IGUALDAD MÁS ALLÁ DE LA RETÓRICA. POR FERRAN REQUEJO

Máscara
En los últimos veinte años, se han producido cambios importantes en la regulación de los derechos y de la acomodación institucional de distintos grupos étnicos y religiosos en las democracias liberales. Ello ha conllevado cambios tanto en la teoría democrática, como en la práctica institucional. Un ejemplo son las declaraciones de derechos aprobadas en los últimos años por la ONU, el Consejo de Europa, la Unesco o la Organización de Estados Americanos. Veamos el caso de las poblaciones inmigradas. En términos generales, podemos constatar la existencia de dos posiciones en torno a la relación entre multiculturalismo y democracia liberal. Ambas se reclaman como las auténticamente liberales y democráticas:

Publica La Vanguardia

Por Ferran Requejo *

1) Ciertos políticos y analistas contraponen el multiculturalismo a los derechos humanos. Se defiende que los derechos son sólo individuales – los derechos de grupo se acostumbran a ver aquí como una amenaza a los derechos humanos-.Se trata de una posición que reivindica el universalismo de las conquistas legales asociadas a las revoluciones inglesa, americana y francesa, contraponiéndolas a un inevitable relativismo de las posiciones favorables a la multiculturalidad. Es una posición ilustrada que entiende que los estados democráticos son la salvaguarda de los derechos individuales y de los valores universales basados en la dignidad humana. La democracia se asocia a conceptos legitimadores, como la igualdad de ciudadanía y la soberanía popular, entendidos generalmente en términos uniformes y homogéneos.

2) Los defensores del multiculturalismo liberal, por el contrario, lo entienden como una ampliación de los derechos humanos y de las conquistas de las revoluciones liberales clásicas. La idea subyacente es que el lenguaje de los derechos individuales, y del universalismo y estatalismo del liberalismo tradicional esconde una serie de sesgos favorables a los particularismos étnicos, religiosos, etcétera, de las mayorías en las democracias actuales. En nombre de la igualdad de ciudadanía se trata de manera desigual, o sea peor, a las minorías culturales de las democracias. El respeto a las identidades culturales forma parte de la dignidad individual. La ampliación de derechos hacia los grupos minoritarios – étnicos, religiosos, etcétera-se entiende que debe establecerse no en términos absolutos, sino dentro de los límites de la tradición liberal, como el resto de los derechos.

¿Quién lleva más razón, o más razones, en este debate? A pesar de la existencia de versiones no liberales del multiculturalismo (tradicionalistas religiosos, conservadores), y de casos empíricos sobre el uso del multiculturalismo como coartada para la perpetuación de determinadas desigualdades – de género, por ejemplo-,en términos generales es la segunda posición la que apunta en la dirección correcta. De hecho, esta es la posición liberal defendida por la ONU y otras organizaciones internacionales cuando esgrimen que lo cultural debe respetarse, pero que a la vez nadie debe invocar la diversidad cultural para conculcar derechos humanos (Human development report 2004).

Los derechos humanos son a la vez una fuente de progreso moral y una restricción de las prácticas políticas de los gobiernos y de los ciudadanos. Lo que el multiculturalismo liberal añade al liberalismo tradicional es una vocación de respetar el valor de la igualdad más allá de la retórica sesgadamente individualista y universalista del liberalismo primigenio. Estamos, así, ante una cuarta ola de derechos, tras las asociadas a los derechos liberales, democráticos y sociales. Las dos últimas tuvieron que ser arrancadas al liberalismo de los siglos XIX y XX, tras procesos no siempre pacíficos – piénsese, por ejemplo, en las luchas por el sufragio universal y el derecho de asociación, que hoy parecen derechos evidentes pero cuya constitucionalización costó vidas y violentos enfrentamientos sociales; o en los procesos de descolonización de la segunda posguerra; o en el movimiento de los derechos civiles en EE. UU. en los años sesenta del siglo XX.

La diversidad cultural está para quedarse. Y parece claro que las democracias han privilegiado históricamente a unos grupos concretos de población sobre otros grupos a quienes se les exigía asimilarse a la mayoría. Ello exige a gritos refinar las ideas heredadas – como el significado del valor de la igualdad-,cuya interpretación clásica se ubicaba en sociedades mucho más simples y homogéneas que las actuales. También exige profundizar en las prácticas democráticas y en unos derechos que siempre presentan dimensiones individuales y colectivas. Cuando se produce un choque entre distintos tipos de derechos, las democracias liberales ya proveen de mecanismos para su resolución (tribunales, procesos consocionales…), de modo parecido a cuando se producen colisiones entre los derechos individuales. El multiculturalismo liberal tiene la ventaja de contribuir a cambiar las prácticas liberales, de las mayorías y de las minorías. Los límites están en los derechos humanos y en la aceptación de la democracia. Todo esto está lejos del relativismo. Más bien representa una nueva fase ilustrada hacia cotas más altas de civilidad yde progreso político y moral. Contraponer de manera abstracta derechos humanos y multiculturalismo es un error conceptual e histórico, además de un obstáculo para la mejora ética de las democracias de raíz liberal.

* Catedrático Ciencia Política (UPF), coautor de Desigualtats en democràcia, Eumo 2009.

martes, 9 de febrero de 2010

Multiculturalismo Liberal





Volver de Multiculturalismo liberal: El valor de la igualdad más allá de la retórica. Por Ferran Requejo MULTICULTURALISMO LIBERAL: EL VALOR DE LA IGUALDAD MÁS ALLÁ DE LA RETÓRICA. POR FERRAN REQUEJO

Máscara
En los últimos veinte años, se han producido cambios importantes en la regulación de los derechos y de la acomodación institucional de distintos grupos étnicos y religiosos en las democracias liberales. Ello ha conllevado cambios tanto en la teoría democrática, como en la práctica institucional. Un ejemplo son las declaraciones de derechos aprobadas en los últimos años por la ONU, el Consejo de Europa, la Unesco o la Organización de Estados Americanos. Veamos el caso de las poblaciones inmigradas. En términos generales, podemos constatar la existencia de dos posiciones en torno a la relación entre multiculturalismo y democracia liberal. Ambas se reclaman como las auténticamente liberales y democráticas:

Publica La Vanguardia

Por Ferran Requejo *

1) Ciertos políticos y analistas contraponen el multiculturalismo a los derechos humanos. Se defiende que los derechos son sólo individuales – los derechos de grupo se acostumbran a ver aquí como una amenaza a los derechos humanos-.Se trata de una posición que reivindica el universalismo de las conquistas legales asociadas a las revoluciones inglesa, americana y francesa, contraponiéndolas a un inevitable relativismo de las posiciones favorables a la multiculturalidad. Es una posición ilustrada que entiende que los estados democráticos son la salvaguarda de los derechos individuales y de los valores universales basados en la dignidad humana. La democracia se asocia a conceptos legitimadores, como la igualdad de ciudadanía y la soberanía popular, entendidos generalmente en términos uniformes y homogéneos.

2) Los defensores del multiculturalismo liberal, por el contrario, lo entienden como una ampliación de los derechos humanos y de las conquistas de las revoluciones liberales clásicas. La idea subyacente es que el lenguaje de los derechos individuales, y del universalismo y estatalismo del liberalismo tradicional esconde una serie de sesgos favorables a los particularismos étnicos, religiosos, etcétera, de las mayorías en las democracias actuales. En nombre de la igualdad de ciudadanía se trata de manera desigual, o sea peor, a las minorías culturales de las democracias. El respeto a las identidades culturales forma parte de la dignidad individual. La ampliación de derechos hacia los grupos minoritarios – étnicos, religiosos, etcétera-se entiende que debe establecerse no en términos absolutos, sino dentro de los límites de la tradición liberal, como el resto de los derechos.

¿Quién lleva más razón, o más razones, en este debate? A pesar de la existencia de versiones no liberales del multiculturalismo (tradicionalistas religiosos, conservadores), y de casos empíricos sobre el uso del multiculturalismo como coartada para la perpetuación de determinadas desigualdades – de género, por ejemplo-,en términos generales es la segunda posición la que apunta en la dirección correcta. De hecho, esta es la posición liberal defendida por la ONU y otras organizaciones internacionales cuando esgrimen que lo cultural debe respetarse, pero que a la vez nadie debe invocar la diversidad cultural para conculcar derechos humanos (Human development report 2004).

Los derechos humanos son a la vez una fuente de progreso moral y una restricción de las prácticas políticas de los gobiernos y de los ciudadanos. Lo que el multiculturalismo liberal añade al liberalismo tradicional es una vocación de respetar el valor de la igualdad más allá de la retórica sesgadamente individualista y universalista del liberalismo primigenio. Estamos, así, ante una cuarta ola de derechos, tras las asociadas a los derechos liberales, democráticos y sociales. Las dos últimas tuvieron que ser arrancadas al liberalismo de los siglos XIX y XX, tras procesos no siempre pacíficos – piénsese, por ejemplo, en las luchas por el sufragio universal y el derecho de asociación, que hoy parecen derechos evidentes pero cuya constitucionalización costó vidas y violentos enfrentamientos sociales; o en los procesos de descolonización de la segunda posguerra; o en el movimiento de los derechos civiles en EE. UU. en los años sesenta del siglo XX.

La diversidad cultural está para quedarse. Y parece claro que las democracias han privilegiado históricamente a unos grupos concretos de población sobre otros grupos a quienes se les exigía asimilarse a la mayoría. Ello exige a gritos refinar las ideas heredadas – como el significado del valor de la igualdad-,cuya interpretación clásica se ubicaba en sociedades mucho más simples y homogéneas que las actuales. También exige profundizar en las prácticas democráticas y en unos derechos que siempre presentan dimensiones individuales y colectivas. Cuando se produce un choque entre distintos tipos de derechos, las democracias liberales ya proveen de mecanismos para su resolución (tribunales, procesos consocionales…), de modo parecido a cuando se producen colisiones entre los derechos individuales. El multiculturalismo liberal tiene la ventaja de contribuir a cambiar las prácticas liberales, de las mayorías y de las minorías. Los límites están en los derechos humanos y en la aceptación de la democracia. Todo esto está lejos del relativismo. Más bien representa una nueva fase ilustrada hacia cotas más altas de civilidad yde progreso político y moral. Contraponer de manera abstracta derechos humanos y multiculturalismo es un error conceptual e histórico, además de un obstáculo para la mejora ética de las democracias de raíz liberal.

* Catedrático Ciencia Política (UPF), coautor de Desigualtats en democràcia, Eumo 2009.
Noticia nº: 1716 | 28-01-10, 18:12